viernes, 28 de junio de 2013

Conexión concebida

   Facebook, viernes en la tarde...No es por defenderme, pero ¿Quién no se deja conquistar por Facebook un viernes en la tarde?, el viernes no está hecho para ser productivo. Quizás una película que te cambie la vida por a lo más una semana, haciéndote ver todo desde una perspectiva distinta, pero postiza, efímera, y bien sabemos, embustera. Quizás un artículo en la página web de una radio que te haga decir: "sí, el país está mal, hay que hacer algo", y dos segundos después estés cerrando la ventanita. Quizás pasarte la tarde sacando ensayos de PSU de una bolsa que te entregó tu hermano que está feliz, estudiando una carrera que le gusta y a puros sietes, mientras te dice: "Toma, nunca los hice".

   En fin, estaba en Facebook y me encontré con una propuesta: "Escribe la palabra murió, y luego, la fecha de tu nacimiento en el buscador de Google. La persona que aparezca es quien fuiste en la otra vida". Me sorprendo al ver cómo caigo en el juego, pero es interesante de todos modos, saber quienes murieron el mismo día de tu nacimiento. Sigo las instrucciones y antes de apretar enter me surge la pregunta ¿Tendrían estas personas, algo que ver conmigo?, me acuerdo vagamente de La flor amarilla, y luego pienso: cualquier semejanza o parentesco que tengan estas personas conmigo, ¿se debe a esta nimia coincidencia de fechas, o se añade simplemente a ésta? ; Porque, ¿Qué podría tener yo que ver con un tal Juan Landázuri Ricketts -arzobispo, o un William Henry Bill Cosby Jr -actor-, un Laurent-Désiré Kabila -político y guerrillero-, o un Emilio Azcárraga Milmo -empresario-? 

   El sólo hecho de hacerme esa pregunta me incita a pensar que nostras, las personas, tendemos por naturaleza a creer que podemos, a partir de meras coincidencias, crear entre dos hechos totalmente apartados, grandiosas y ambiciosas relaciones y conexiones, ¿De donde proviene esa manía por vincular elementos entre sí a partir de detalles tan pequeñitos? Es así como creamos teorías, constelaciones, conspiraciones o vemos caras de animales, o de personas de nuestro pasado, en los trozos de madera que forman el techo de una cabaña en el sur. Lo más gracioso es que mientras más inconsciente es el proceso de hallar estas relaciones, debido a que no existe un carácter forzado en ellas, nosotros mismos y quienes nos rodean, nos convencemos más fácilmente de su validez.



viernes, 21 de junio de 2013

Redundante

Lunes:
- ¿Está Camila Gonzalez?
- No, se retiró. Lo dicen todos a coro desfasado.
- Ah, pucha, tenía que entregarle la agenda porque llegó tarde.
    Y así se repitió martes y miércoles, porque la pupila Camila estaba enferma del estómago, estaba con nauseas, según nos dijo su hermana menor a la salida. Ni siquiera había podido estudiar, cada vez que habría su cuaderno le daban arcadas y corría  vomitar, pobrecita. Las pruebas semestrales le causaron tanto estrés.              
    Pero la inspectora no está estresada, el único factor de estrés en estos instantes radica en que Camila no asista al colegio, en el no poder entregarle la agenda a la alumna que el lunes llegó tarde y que falta los dos días siguientes. El estrés de la inspectora no va más allá de eso. La he visto por años haciendo lo mismo, todas las mañanas  trayendo a la sala la agenda de dos o tres patanes que durmieron quince minutitos más.
    Recordándole a los profesores que pasen lista, quedándose en la sala a veces, cuidándonos si el profe tenía que ver algún asunto rápido y los alumnos estábamos en prueba. Y ahí vienen los infaltables cinco minutitos de confianza, que terminaban siendo quince, o hasta veinte, o acababan simplemente cuando se escuchaban los pasos  del profesor o profesora llegando de tan importante diligencia, que lo había llevado a abandonar la sala y a pesar suyo dejarla en manos de la inspectora, tan conocida por los increíbles y mágicos resultados de los alumnos que en evaluaciones habían sido custodiados por ella.
    Es jueves, Camila si vino al colegio, la inspectora le pasó su agenda.
 
 

sábado, 15 de junio de 2013

Sugestivo

   He reparado en que el ser humano es infinitamente influenciable, y de una manera que no logra percibir. Al principio de su historia, los objetos eran creados para suplir una necesidad, hoy están hechos para engendrarlas, influenciándonos fuertemente y casi sin que lo advirtamos.
   Fue cuando estaba durmiendo siesta el viernes en la tarde, me había puesto a hacer ejercicios de matemática del famoso libro de Carlos Mercado Shüler, ese que frecuentaba la generación chilena de la P.A.A pero que todavía exigen los profesores del siglo veintiuno por que los ejercicios de matemática siempre serán los mismos. Como siempre serán los mismos, en el test XVII los números ya me estaban seduciendo y llevando a las dulces manos de Morfeo, y con mis dos antebrazos sosteniendo mi cabeza, todo sobre las cafecitas hojas del librito que mi papá tuvo que conseguir en San Diego, me di cuenta de que era hora de dormir siesta, prendí la estufa eléctrica nueva marca Thröben y me fui a acostar a mi cama.
   Muchas veces, como no quisiera aceptar que dormiré siesta, dejo las cortinas abiertas, es algo personal, mi orgullo me dice que soy demasiado fuerte como para necesitar dormir siesta, entonces, si dejo las cortinas abiertas, no estoy por definición durmiendo siesta, o por lo menos no la de la gente normal, que en general las cierra para dormir su siesta hecha y derecha, su siesta con mayúscula, esa Siesta que necesita la gente débil, la que se cansa.
  En fin, mientras me quedaba dormía, me di cuenta de que la estufa hacía bulla, y recordé que al prenderla había visto un botón que tenía una lunita y decía "quiet",que en epañol significa "callado". El cansancio que me había llevado en primer lugar a dormir siesta ese día viernes post-pruebas semestrales me retuvo un poco en la cama, y ahí pensé: ¿Hubiese cabido en mi mente la posibilidad de molestarme ante tal ruido si no existiese dicho botoncito, o incluso, si yo simplemente no lo hubiese visto?