viernes, 21 de junio de 2013

Redundante

Lunes:
- ¿Está Camila Gonzalez?
- No, se retiró. Lo dicen todos a coro desfasado.
- Ah, pucha, tenía que entregarle la agenda porque llegó tarde.
    Y así se repitió martes y miércoles, porque la pupila Camila estaba enferma del estómago, estaba con nauseas, según nos dijo su hermana menor a la salida. Ni siquiera había podido estudiar, cada vez que habría su cuaderno le daban arcadas y corría  vomitar, pobrecita. Las pruebas semestrales le causaron tanto estrés.              
    Pero la inspectora no está estresada, el único factor de estrés en estos instantes radica en que Camila no asista al colegio, en el no poder entregarle la agenda a la alumna que el lunes llegó tarde y que falta los dos días siguientes. El estrés de la inspectora no va más allá de eso. La he visto por años haciendo lo mismo, todas las mañanas  trayendo a la sala la agenda de dos o tres patanes que durmieron quince minutitos más.
    Recordándole a los profesores que pasen lista, quedándose en la sala a veces, cuidándonos si el profe tenía que ver algún asunto rápido y los alumnos estábamos en prueba. Y ahí vienen los infaltables cinco minutitos de confianza, que terminaban siendo quince, o hasta veinte, o acababan simplemente cuando se escuchaban los pasos  del profesor o profesora llegando de tan importante diligencia, que lo había llevado a abandonar la sala y a pesar suyo dejarla en manos de la inspectora, tan conocida por los increíbles y mágicos resultados de los alumnos que en evaluaciones habían sido custodiados por ella.
    Es jueves, Camila si vino al colegio, la inspectora le pasó su agenda.